¿Quién bautizó a Carlos Alemán como "Kukito"?
Detrás de cada marca personal hay una historia, y la mía no es la excepción. A menudo me preguntan: "¿Por qué Kukito?". La respuesta nos obliga a viajar unos cuantos años atrás, a los pasillos de mi escuela intermedia, donde los apodos se forjaban con la misma intensidad que las amistades.
El origen: De un cordón a una identidad
Todo comenzó con un accesorio que, en aquel entonces, me parecía lo máximo: un cordón recabello (o cordón de cuello). Curiosamente, yo solía usar uno muy similar al que portaba un comandante de la zona, a quien todos llamaban cariñosamente "Cuco".
Como siempre he sido una persona sociable, carismática y de buen trato, mis compañeros no tardaron en hacer la conexión. Por una cuestión de edad y tamaño —y aprovechando mi personalidad abierta—, el "Cuco" del comandante se transformó naturalmente en un diminutivo para mí: Cuquito. Con el tiempo, la grafía fue evolucionando por estilo propio hacia Kukito, un nombre que me acompañaría en cada etapa de mi crecimiento.
La evolución: De la barbería al código
Los apodos tienen la virtud de adaptarse a lo que hacemos. Cuando decidí estudiar barbería, me reencontré con muchas personas que me conocían desde los años de escuela. Para ellos, era natural llamarme "Kukito Barber". Aquel nombre no solo era mi identificación en el trabajo, sino el reflejo de una etapa de servicio y cercanía con mi comunidad.
Sin embargo, la vida me llevó por nuevos caminos. Pasé de las tijeras a los circuitos, estudiando la reparación de computadoras y, finalmente, sumergiéndome en el apasionante mundo del desarrollo web y la gestión de bases de datos.
Cuando llegó el momento de elegir un nombre para mis proyectos digitales, busqué algo que conservara mi esencia, pero que marcara mi nueva faceta profesional. Así nació "Kukito Web". Me pareció la transición más lógica y honesta tras haber sido "Kukito Barber".
¿Carlos Alemán Kukito, Cuco o Cuquito?
Hoy me defino oficialmente como Carlos Alemán Kukito. Es la unión de mi nombre de pila con esa marca que se ha convertido en mi sello personal a través de los años.
No obstante, entiendo perfectamente si algunos prefieren llamarme Cuco o Cuquito. Y la verdad es que está bien. Si bien las reglas gramaticales y la ortografía nos dan normas sobre cómo escribir, los apodos son propiedad de quien los recibe y de la historia que hay detrás. La "K" o la "C" pueden cambiar según el teclado o el autocorrector, pero la cercanía y la historia detrás del nombre permanecen intactas.
Al final del día, sea como sea que me llames, lo que realmente importa es que detrás de este nombre hay un desarrollador comprometido con su comunidad y listo para seguir creando.
¿Y tú, tienes algún apodo que te haya acompañado a lo largo de tu carrera profesional? ¡Cuéntamelo en los comentarios!
Atentamente, Carlos Alemán (Kukito)
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